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ObCP - Opinión
Contratación pública y soberanía digital. Hacia el «Contrato Social Digital»: de como el contrato público debe coadyuvar a la independencia tecnológica de la UE
23/02/2026

1. Soberanía o autonomía digital: una necesidad imperiosa para la UE

 

El debate en torno a la “soberanía digital” ha ido cobrando fuerza en todo el mundo, en parte alentado por el clima de incertidumbre geopolítica y competencia tecnológica global al que asistimos. Hoy por hoy no es posible deslindar la soberanía política de la soberanía digital, pues esta última se presenta como una condición necesaria para la existencia real y efectiva de la primera.


De ahí que garantizar su soberanía digital se haya convertido una prioridad estratégica para la UE.


No obstante, la Europa de los 27 está lejos de tener afianzada su autonomía digital, pues en el plano tecnológico depende sustancialmente de infraestructuras y sistemas digitales controlados mayoritariamente por empresas no europeas. 


Lo anterior explica que la UE se haya convencido de la necesidad de invertir de forma decidida en el impulso y desarrollo de un ecosistema propio de empresas Tech con capacidad para garantizar la autonomía, la resiliencia y el control a largo plazo sobre sus datos, proteger servicios públicos esenciales y definir su propio modelo de desarrollo tecnológico. Resulta fundamental en un contexto geopolítico tan convulso e inestable como el que actualmente impera.


No se trata solo de una cuestión netamente económica o industrial, que también, se trata de defender la soberanía política de los países que conforman la UE y, por ende, defender la soberanía de la propia UE, salvaguardando el Estado de Derecho, y construyendo, una auténtica “democracia digital” que garantice un desarrollo y uso democrático de la tecnología (1).


Si dividimos el sector Tech en tres grandes bloques, -cierto que interconectados-: a) infraestructura en la nube, b) desarrollo de software digital complejo, y c) el campo de los datos; la realidad actual es tozuda y concluyente: en los tres ámbitos Europa está en manos de empresas extranjeras, en particular estadounidenses y asiáticas (chinas y surcoreanas) (2). De forma desglosada, por lo que se refiere a la infraestructura de cloud, 3 empresas estadounidenses (Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud) concentran entre el 70% y el 80% del mercado europeo, estando poco más del 20% restante en manos de proveedores europeos combinados. Razón: estas compañías ofrecen economías de escala, madurez tecnológica y una rapidez de despliegue que hoy por hoy no tienen equivalencia en la UE. Por lo que hace al desarrollo de software de IA, en 2026 el ecosistema mundial está igualmente dominado por las grandes tecnológicas de EEUU (Big Tech), seguido de cerca por China -que destaca en la implementación de IA aplicada-, si bien se aprecia una participación creciente de actores de Europa e Israel. De forma derivada esto influye en el control del elemento básico de funcionamiento de los dos sectores citados: los datos -ya considerados el petróleo del siglo XXI-.


Estos datos evidencian una dramática dependencia tecnológica de terceros países, capaz de comprometer gravemente la seguridad de información crítica, de servicios públicos esenciales o la privacidad de los ciudadanos europeos. Esto aumenta exponencialmente los riesgos de ciberseguridad, espionaje, manipulación de información, debilitamiento de los estándares democráticos, resquebraja la resiliencia ante futuras crisis geopolíticas y, por descontado, merma la competitividad económica de las empresas tecnológicas del viejo continente. 


Consciente de la necesidad y de la urgencia de revertir esta situación, de forma lenta aunque con un ritmo más ágil en los últimos tiempos, la UE ha comenzado a gestar una estrategia en defensa de su soberanía digital.

 

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